PREMIO CERVANTES 2013.
Elena Poniatowska gaña o Premio Cervantes
Es el
quinto para un mexicano y el primero para una mexicana. Es la cuarta escritora
galardonada en 37 años. Antes lo habían ganado las españolas María Zambrano
(1988) y Ana María Matute (2010) y la cubana Dulce María Loynaz (1992).
Ensayista y
escritora, comenzó a trabajar en el periódico Excélsior en
1954. "A mí lo que me gusta es contar cosas", recordaba hace unas
semanas. Se convirtió en una entrevistadora curiosa y certera.
Entrevistó a Diego Rivera, a Rulfo, a Paz. Recuerda con especial cariño a Luis
Buñuel. “Era muy amable, me llamaba la niña de la leña porque cuando iba a su
casa compraba unos troncos porque en su salón hacía mucho frío”. Una generación
de periodistas mexicanas creció inspirada por Elena Poniatowska. Por la mujer y
la periodista.
Su libro
más célebre, La noche de Tlatelolco, es un crudo testimonio de la represión contra estudiantes el 2 de
octubre de 1968, una fecha grabada con sangre en la historia mexicana. “Debería
conmemorarse oficialmente, una fecha de luto nacional”, repite.
No le gusta
que le llamen Elenita. Cree que “infantiliza”. ¿Es machista? “Quizá un poco”.
Relata que a Frida Kahlo, la mítica pintora mexicana, le llamaban “la coja”:
“Ahora todos hablan maravillas, pero entonces se referían a ella así. El
machismo tiene mucha crueldad”.
Justo una
de las mujeres de Diego Rivera protagoniza un libro suyo pequeñito pero
entrañable: Querido Diego, te abraza Quiela. La obra, escrita a
manera epistolar, relata la desgraciada historia de amor entre la pintora
Angelina Beloff y el muralista mexicano, que fueron pareja cuando él vivió en
París. Cuando Beloff viaja a México para encontrarse con su amado, se topa con
que éste tiene una nueva mujer: Lupe Marín, la que sería la madre de sus dos
hijas más pequeñas.
Las mujeres
—las creativas, las valientes, las que van contra corriente— son una constante
en su obra. Es una meticulosa retratista del feminismo femenino. En apariencia
delicado, pero con firmeza militar. Como el de la pintora Leonora Carrington (Leonora), o el de la fotógrafa Tina Modotti (Tinísima).
O el de una mujer que de tan bella acaba explicando al juez por qué tiene cinco
maridos (De
noche vienes, Esmeralda),
o el de una valiente soldadera —las mujeres que iban al frente durante la
Revolución Mexicana— que termina trabajando como lavandera en la capital del
país (Hasta no verte, Jesús mío).
A las —muy
frecuentes— tertulias en su casa asisten también un perro negro y dos gatos que
no dudan en sentarse en el regazo del invitado: “Monsi y Váis”, en honor de su fallecido amigo. Pasa tardes
charlando, tomando té, rodeada de libros. Es difícil mantener su curiosidad a
raya. En cualquier descuido el entrevistador acaba entrevistado. ¿Sabe que ha
sido una inspiración para una generación de mujeres mexicanas periodistas? “No,
fíjate. Qué bueno. Que haya más mujeres que quieran contar cosas. Nos falta
muchísimo por contar”.
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